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Anochecer

De abrazo licántropo y
hocico interminable moría
el brillo diurno poblado
de colmillos y
aves de rapiña.

Yo por debajo de los párpados,
entre texturas inhóspitas deseando
ocultar mi piel de la pregunta:
¿sabor
de carnada, presa o
víctima?.

De la nuca a mis pestañas
desfilo la penumbra felina,
erguida y cuadrúpeda amenaza
del insomnio que no termina.


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